martes, 21 de enero de 2014

VIDA

  
Si se atreve  a leer este tedioso blog es porque está usted vivo, improbable lector. Qué obviedad, ¿no? Está vivo. No hay duda. Muy bien, pero ¿cómo definiría la vida, el concepto de vida?... no es fácil, ¿verdad? Inténtelo.
La capacidad de movimiento de un lugar a otro no sirve como definición porque las plantas están vivas y sin embargo no son capaces de trasladarse a voluntad. ¿Entonces, qué otro concepto debe usarse para definir la vida?
Se puede recurrir al efecto: un ser vivo es aquel que reacciona a los estímulos. Pero la enunciación adolece de invalidez dado que el propio concepto de estímulo ya contiene el de la vida. Estímulo es todo cambio en el entorno que provoca una reacción en un ser vivo. Así que tampoco ese recurso es válido.
Aristóteles formuló una tesis que se admite unánimemente y la humanidad no ha sido hasta ahora capaz de plantear una mejor: Motus ab intrinseco. Significa algo así como movimiento desde dentro.
A pesar de lo difuso del término, la vida admite ser clasificada. La taxonomía biológica define grupos generales que se dividen en otros de menor entidad y así sucesivamente hasta incluir en su clasificación a todos los seres vivos y a los minerales.
De esta forma, cualquier individuo de nuestra especie siguiendo el patrón Reino/Clase/Orden /Familia/ Género/ Especie, quedaría designado según esta cadena: Animal/ Mamífero/Primate/ Homínido/ Hombre/ Hombre Sabio.
Sí, lo sé, estoy de acuerdo con usted, improbable lector. Yo también me he topado con bastantes. No todos los miembros de nuestra especie deberían ser considerados Homo Sapiens, hombres sabios, pero la clasificación biológica atiende exclusivamente a características fisiológicas no a comportamientos.
Efectivamente, improbable lector, ya ha intuido el lugar al que hoy pretendo atraer su atención. Debemos a don Carlos Linneo y Brodersonia, súbdito del rey de Suecia que vivió en el siglo XVIII, la primigenia taxonomía de la vida en su conjunto.
Ennoblecido como premio a su trabajo científico las armas que recibió, y ya concluyo tan efímera entrada, fueron un terciado en perla en el que se representaron los tres reinos de su taxonomía figurados a través de los colores de los campos: gules, sable y sinople que simbolizan respectivamente los reinos animal, mineral y vegetal. Campos sobre los que se disponen sendas coronas de oro. En abismo, un escusón de azur, con un huevo de plata que encarna la vida perpetuada.