martes, 28 de enero de 2014

INTERCESIÓN

 
Recuerdo que el Opus del Insuperable establecía la cuota mínima de rezo diario. Y es que nuestra madre la Iglesia nos insiste en que hay que rezar. Pero últimamente me planteo que el rezo, así tal cual, una sucesión de plegarias repetidas, conduce a poco. Mi conclusión es que no existe más oración válida que, por un lado el examen de la propia conducta en relación a los que nos rodean, y por otro el propósito de mejorar el trato y de enmendar los errores.
Pero para lograr lo anterior se puede, y se debe, recurrir a quienes ya están en un estado más perfecto que el nuestro, aquellos que ya han rendido su alma a Dios. Nos iluminarán, inspirarán el pensamiento adecuado, orientarán nuestro intelecto hacia lo óptimo.
Con esta entrada que no habla de heráldica, quiero plantearle que acuda a la intercesión de un compañero de promoción de mi jefe directo, fallecido el día veintiocho de enero de 1999 en el hospital militar Gómez Ulla siendo Comandante de Ingenieros del Ejército de Tierra de España.

Su nombre es Joaquín Rodríguez-Monteverde Cantarell. No hace falta dispensarle trato de mi comandante, con llamarle por su nombre, Joaquín, ya es suficiente.

He recurrido desde hace ya más de ocho años a su intercesión para una buena cantidad de asuntos y he sido siempre atendido con la mayor celeridad y premura.

Por si a usted también, improbable lector, le resulta de ayuda, añado un par de imágenes. La primera propone una oración y la segunda relata su vida.