lunes, 27 de enero de 2014

LA ACADEMIA

Escritores de verdadero renombre nunca fueron elegidos. Por el contrario, consensuados mediocres ocuparon sus sillones letrados. 


La academia, así tal cual, la academia, que es como el común conoce a la Real Academia Española de la Lengua trae por lema secular: limpia, fija y da esplendor.
A mi juicio no limpia y mucho menos da esplendor, el esplendor se lo otorgan quienes merecen acceder y no aún no cuentan con amigos en el interior. Pero fijar sí que fija. Fija el idioma y así, el conjunto de la ciudadanía recurre a su diccionario para conocer cómo escribir cualquier voz infrecuente.
Aprovechando la noche del sábado para recorrer la zona de Huertas, entre caña y caña, discutíamos doña Paloma Guibelalde Pignatelli (que es baronesa de las Reales Artes en el reino del Maestrazgo), el conde del Real Proyecto y Arancha y yo, sobre cómo se escribía una expresión. Había redactado en la entrada anterior huy y me aseguraban los tres que no, que se escribía como ay: uy.
Como ahora la conexión a la red viaja en nuestro teléfono móvil, para dilucidar la cuestión recurrimos al diccionario de la academia que fija, siempre con notabilísimo retardo, la forma escrita del idioma: y resultó que todos teníamos razón. Se debe escribir huy, pero se admite uy
Y para celebrar el acierto de los cuatro qué mejor que otra ronda. La resaca que hoy padezco no me va a permitir contar nada más. Sabrá disculparme, improbable lector. Mañana prometo aplicarme a mi pasatiempo y redactar algo interesante.