lunes, 10 de febrero de 2014

CIVILIZACIÓN

Hay que leer. Hay que obligarse a leer. Mucho. Y por supuesto, cuanto más intemporal resulte la lectura mejor. Más sabiduría contendrá.
La parte más protegida de nuestro cuerpo es el cerebro. Y el cerebro, como cualquier músculo, si no se ejercita se atrofia. (Sí lo sé, no es un músculo efectivamente, pero se comporta como tal)
Últimamente dos trabajos han ocupado mis lecturas más bien nocturnas: El mundo de Las Meninas de don Juan José López-Ibor Aliño (2014) y El conflicto de las civilizaciones del norteamericano don Samuel Huntington, de 1993.
La lectura del primero puede resumirse en dos grandes revelaciones muy bien expuestas: por un lado relata la existencia de tres cuadros de Las Meninas y por otro desvela al fin el significado de la escena dibujada a través de los objetos y de los personajes (la cuestión del barro que se ofrece a la infanta para ser ingerido a fin de evitar los síntomas de su enfermedad me ha resultado especialmente revelador y gratificante)
La lectura del segundo, insisto en que redactado en 1993, razonado de forma excelente, se me ha manifestado como inquietante por su capacidad profética: el conflicto cultural sustituirá la lucha ideológica.
El profesor Huntington, de la universidad de Harvard, previó que las luchas de los futuros siglos se basarán únicamente en la búsqueda de la primacía de las civilizaciones, definiendo la existencia de cuatro de ellas: occidental, musulmana, oriental y africana. ¿Recuerda al 1984 de Orwel, verdad?
Y ahora expongo mis siempre vagas y superfluas reflexiones sobre este último trabajo.
En el año en curso se celebrará… no, no es la mejor expresión, se conmemorará el inicio de la que se llamó Gran Guerra, la primera guerra mundial.
Esta batalla global únicamente afectó a la civilización occidental. Tanto el mundo musulmán como el africano, más o menos en su conjunto, eran gobernados, pertenecían realmente, a alguno de los imperios que conformaban la civilización occidental.
Y aunque en lo que hoy son los territorios ocupados por aquellas civilizaciones se produjeron cruentas batallas, los dirigentes de las mismas fueron occidentales.
Nuestra civilización se diferencia con nitidez del resto por su bagaje cultural. Un bagaje cultural definido por una tradición histórica que, le guste o no improbable lector, ha venido marcada y aún hoy se define desde la comprensión vital que propone el cristianismo.
Hasta la conclusión de la primera guerra global de 1914, las potencias que dominaban el mundo a través de sus imperios pertenecían invariablemente a la cultura occidental, europea y de tradición cristiana.
Y esa guerra civil entre los miembros de la civilización occidental acarreó su extenuación. La primera guerra mundial condujo a la desaparición de los grandes imperios europeos, al fin de la hegemonía de la cultura occidental. El profesor  Huntington pudo advertir en 1993 que las próximas guerras se librarían entre civilizaciones porque la primera guerra global de 1914 supuso el fin de la era occidental.
Como en este blog se debe hablar de heráldica, añado las armas de los imperios cristianos desaparecidos tras la gran guerra de 1914: el imperio ruso,
el imperio austro-húngaro 
y el imperio alemán.